Los árboles que tapan el bosque.
Felipe Pino.
Felipe Pino son diez letras tiradas más o menos al azar.
Felipe Pino es una conjura ludista contra el autismo de andar por casa.
Felipe Pino es una dendrita con aires de grandeza.
Felipe Pino es un marcapasos fraudulento o un embuste capitalizado.
!Cuidaros de Felipe Pino!
Felipe Pino desayuna café con tostadas agazapado en algún bar cual camaleón urbanita, pero quien lo observe con detenimiento verá cómo garabatea sobre un papel con pretensiones alevosas.
Nadie sabe qué hace Pino con esos papeles. Algunos dicen que los machaca con limón y se los come a cara-perro; otros dicen que son la materia prima de un misil teledirigido que está construyendo. Yo, sin embargo, creo que se los deja en el bar porque el pobre es tonto de remate.
Felipe Pino, para resumir, es todas estas palabras al revés y leídas en intervalos de cinco minutos.
Por estas razones aconsejo enérgicamente que se le mantenga siempre a la vista, a una distancia prudente y en caso de que haga algún movimiento, correr, correr mucho y sin mirar atrás.
El enebro es un arbusto de medida protagórica y lento desarrollo que sólo en condiciones óptimas y tras un titánico esfuerzo, podría llegar a ser, con mucho, un arbolito.
No es tan retorcido como helicoidal, retraído en sí mismo, puntiagudo, rígido y triádico. No llega a ser zarza, pero puede que lo ande buscando.
Sus frutos son otoñales, pues reniega de toda juventud, y su maduración se eterniza abocando en cerosa oscuridad. Sin duda el tipo de bayas con el que Hades podría retener a las perséfones despistadas.
El enebro no es un árbol. No es una mala hierba, No es un frutal. No es el señor de los Infiernos. Pero patalea por ser todas esas cosas.
O,al menos, lo haría si tuviera piernas.
Abidos.
Abidos es una ciudad.
Hace mucho tiempo era una gran ciudad. Sus edificios llegaban al cielo, sus habitantes eran los más conocidos. Miles de visitantes paseaban por sus calles, deseando ser como los ciudadanos de Abidos, regocijándose en la idea de que estaban pisando las mismas calles de tan ilustres personajes. Algunos pocos afortunados incluso lograban formar parte detan prestigiosos círculo procurándose un pequeño cobijo en Abidos.
Abidos hacia soñar. Soñar con algún día vivir en Abidos. Incluso aquellos que no creían poder vivir en Abidos soñaban con hacer que su ciudad se pareciera un poco más a Abidos. Pero no sólo a Abidos, a la futura Abidos!. Sin duda a tan distinguida ciudad los hados le reservaban el más glorioso de los destinos.
Ahora Abidos está en ruinas.
Sus edificios se han derrumbado y de todos modos han construido otros más altos. Algunos aún conocen a sus habitantes pero hay otros más importantes. Ya nadie visita Abidos, nadie desea vivir en Abidos,ninguna ciudad sueña ser como Abidos.
Ahora los habitantes de Abidos al fin descansan tranquilamente.